miércoles, 30 de abril de 2014

Mi último artículo (por Enrique Biedma)

Me dirijo, en primer lugar, a José Manuel Gómez, padre de Raquel, para decirle que me han gustado mucho sus palabras en un comentario que ha escrito sobre su hija. Su hija es una campeona, del ajedrez y de la vida. Yendo más allá, diremos que todo el mundo es valioso en sí mismo, aunque tengas cien años y vayas a morir mañana. Maldita comparación que mide a los seres humanos, que crea rivalidad y envidia, deseos de ser mejor que otro. Cuando uno ama lo que hace, sea el ajedrez o cualquier otra cosa, es suficiente en sí mismo, es suficiente con expresarse a través del ajedrez, la literatura o cualquier otra cosa. Pero para eso hemos de ser sencillos internamente. El mundo rinde culto al éxito individualista; cuanto más grande, mejor, se ha perdido la sencillez. Pero las personas exitosas, los que hacen cosas porque persiguen ser mejores que el prójimo, esas personas no son las que construyen un mundo mejor. Ser un verdadero revolucionario requiere un cambio completo en el corazón y en la mente, no es limitarse a cortar las raíces superficiales, mientras permanecen las raíces profundas que alimentan la mediocridad y el éxito. 

Nos comparamos siempre con los demás, con otro más afortunado. Pero la comparación degrada. Nos educan para comparar, y pocos están libres de la comparación. Nuestra educación, y por supuesto nuestra cultura, se basa en eso. La consecuencia es esa lucha permanente por ser algo que no somos. Es mejor comprenderse a sí mismo, esa comprensión despierta la creatividad y entonces uno ama lo que hace, y crece con ello, mientras que la comparación produce competitividad y ambición, que asociamos con el progreso. La verdadera educación consiste en educar a los hijos sin comparación. 

Esta necesidad por ser más importantes que los demás, consume a mucha gente. Al satisfacer esa necesidad, se pierden las cosas profundas. Al satisfacerla, y cuando uno sigue manteniendo esa satisfacción aparece la rutina, el aburrimiento. Lo único que perdura es lo real y su maravilla, es decir, ver las cosas tal como son.

Pienso que es posible educar al ser humano en lo externo, pero dejando el centro libre. ¿Podemos ayudar a los niños, a los educadores, a ser libres internamente? Porque sólo en libertad puede ser creativo, y por tanto, feliz. Sólo en la libertad puedes amar profundamente a alguien. De lo contrario, la vida es un asunto enrevesado, una lucha interna y, en consecuencia, externa. No obstante, estar libre internamente requiere enorme afecto y sabiduría. Pero la mayoría se interesa por lo externo y no por el amor y la creatividad. Sin embargo, para cambiar todo eso, unos pocos al menos, deben comprender esa necesidad y generar ellos mismos esa libertad interna. Existe una riqueza ilimitada en una vida sin esta lucha. 

La riqueza de la vida está ahí. Ahí está el silencio interno, la belleza de las montañas, una mañana encantadora, las hojas cubiertas de rocío, el sol que, poco a poco, ilumina cada árbol, el mar resplandeciente. Uno siempre es un huésped en esta tierra, la tierra que no pertenece a nadie. Existe la belleza del ajedrez, de la literatura. Para un amante del ajedrez, ver una partida de Capablanca o Fischer es como para un melómano escuchar una sinfonía de Mozart. Pero también en el ajedrez prospera la superficialidad de la existencia. Se ha convertido para la mayoría en un asunto de mero entretenimiento, el cual moldea y aprisiona nuestra mente. Se convierte en un medio para ayudarnos a escapar de nosotros mismos, de lo que somos. 

Este es mi último artículo aquí. Ahora escribiré en otro club amigo (en Brenes). Las razones de ello saldrán en una reunión con la junta directiva que tendrá lugar en junio (aunque aun no hay fecha). Será una oportunidad para hablar, con franqueza, de muchas cosas, con transparencia y sinceridad. 

Para finalizar, no es cierto que más allá de un elo de dos mil y pico no haya nada. Depende de cada persona en particular. La riqueza de la vida está más allá de estas pequeñeces. Perdonarme que no profundice más; me dirán, con razón, que esto es un blog de ajedrez, no de filosofía oriental. Yo creo que todo está relacionado, la vida es una cosa total y hay que comprenderla como una totalidad, no por fragmentos separados. Aun así, yo ya no soy editor (por decisión de la junta directiva), y ya no me siento libre para escribir aquí como hacía antes: con completa libertad. Pero de esto hablaré en la reunión. Perdonad si me salí del tema, y gracias a aquellos que me han apoyado. Les agradezco profundamente, en especial a Miguel Ángel González. Y lamento no poder concluir, aquí, la historia del ajedrez onubense. Escribí de estos grandes ajedrecistas con alegría, y lo hice viendo sólo lo mejor de ellos, en lo ajedrecístico y en lo personal. 

Fdo: Enrique Biedma

11 comentarios:

  1. Yo confío en que éste no sea tu último artículo en el blog...

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  2. Sí lo es, Leonardo. Además, casi ni se pueden escribir comentarios con el nuevo sistema, pues ponen letras casi irreconocibles para demostrar que no soy un robot, y he de hacer varios intentos.

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  3. Perdonadme la errata, pues escribí "perdonarme". De ser editor, lo corregiría en el texto.

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  4. Enrique eres una de las mejores personas que he conocido en lo ajedrecístico y en lo personal, es una lástima que dejes de escribir en un blog así, como es el de La Merced un club de tu tierra y al que sé que quieres de corazón. Tus aportaciones, conocimientos y humanidad deben ser bien recibido en cualquier sitio.

    Un fuerte abrazo amigo, del Delegado del Club Ajedrez de Brenes.

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  5. Muchas gracias, amigo. Eres de las mejores personas que he conocido. Un gran abrazo con afecto.

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  6. Enrique:
    Dices cosas muy interesantes sobre las personas y sobre el ajedrez en esta entrada. Gracias por compartir esas reflexiones con todos nosotros.
    En el club esperamos (y creo que es un sentimiento generalizado) poder seguir viéndote cuando te venga bien y te apetezca pasar por allí, para charlar o jugar al ajedrez, y que puedas seguir aportando artículos de interés para nuestro blog.

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  7. Que cualquier colaborador con el club o el blog envíe sus artículos a uno de los editores, que es mejor que sean pocos por razones de coordinación, para que se lo publique, como has hecho con éste, es una práctica habitual aceptada. De hecho, hay clubes y blogs en que el editor con acceso directo es una sola persona, y hay muchos otros en que además no se permite que publique nadie, ni siquiera remitiendo artículos, salvo el administrador. Nuestro blog es de los más abiertos en este sentido, y nos alegra recibir aportaciones de ajedrecistas de otros clubes.

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  8. Y lo que no podíamos aceptar es que haya personas que amparadas en el anonimato publiquen comentarios en nuestro blog ofendiendo a otros compañeros ajedrecistas, sean de nuestro club o no, lo que nos ha obligado a tomar medidas para evitarlo.

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  9. ¿No crees, Miguel Angel, que estas cosas es mejor hablarlas en persona? Si lo cuentas aquí, me obligas a decir que yo no tengo la culpa de que alguien haya escrito comentarios anónimos injuriosos sobre otra persona. Tales comentarios pueden aparecer en el artículo de cualquier otra persona; sin embargo se ha decidido excluirme sólo a mí. No añadiré nada más aquí, y me gustaría que la persona que quiera añadir algo a lo que he escrito, que me llame o que me lo diga en persona.

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  10. No desvirtuemos de nuevo, por favor, el espíritu de mi artículo.

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